Sobre Siro escritor

Escribo porque no siempre “una imagen vale por mil palabras” y la plástica no me permite expresar cuanto deseo. Pero cuando hago narrativa escribo como dibujo: ahorrando líneas y palabras. El humor es una constante en mi obra, y no me siento cómodo fuera de sus límites. No soy satírico; prefiero la comicidad y, mucho más, el humorismo: esa creación que nos divierte y nos conmueve al mismo tiempo. Sigo en esto una tradición gallega con autores de gran talento, de los que me siento deudor: Castelao, Julio Camba, Wenceslao Fernández Flórez, Silvio Santiago, Carlos Casares…

El humor, por ser en mí una necesidad vital, y la pintura, por mi vocación artística, son los temas a los que, desde hace cuarenta años, me dedico como ensayista. Estudiar las distintas formas del humor, analizar las claves del humor popular gallego y el de los grandes creadores, ocupó gran parte de mi tiempo de ocio. La otra se me fue en buscar los antecedentes de la caricatura y del dibujo de humor, en estudiar la evolución de ambos géneros, y la obra  de los más importantes dibujantes gallegos. El resultado está en artículos, conferencias, ensayos breves y cuatro libros dedicados a Cervantes, Castelao y José María Cao.

Narrativa

No soy novelista  –pocos gallegos lo son- porque no tengo “fondo” para largos recorridos y, en cambio, me siento cómodo en la narración breve y muy breve. Aun así, soy autor de una novela que no ofrecí a ninguna editorial porque creo que, en los tiempos que corren, a pocos lectores podría interesarle. Es un homenaje a Álvaro Cunqueiro, la gran figura de las letras gallegas y se titula Do que Cunqueiro non contou do meu señor Don Merlín.

Todo cuanto escribo está impregnado del humor, o, para ser más preciso, del humorismo. Pero uno de los límites del humorismo es la tragedia, y ninguna puede serlo tanto como una guerra civil. No escribo sobre la guerra española, pero un imperativo ético me llevó al ordenador para teclear la Carta a Binucha, que abre el libro Retallos da memoria, editado en el año 2007 por varios ayuntamientos coruñeses. La repercusión mediática de esta narración superó con mucho mis previsiones e hizo posible la rehabilitación de una familia en la que todos su miembros fueron auténticos héroes morales, y lo pagaron durísimamente.

Literatura infantil y juvenil 

Lo he dicho ya. Me resulta difícil escribir fuera de los límites del humor, concretamente de esa forma de humor que deberíamos llamar “humorismo” para diferenciarla de la “comicidad” y de la “sátira”. El humorismo se dirige a la inteligencia y al corazón del lector para no dejarlo reír a gusto, para crearle mala conciencia de la risa, y trocar la risa inicial en sonrisa y emoción. En clave de humor escribí numerosos cuentos infantiles para mis programas radiofónicos. Uno de ellos, el titulado Boliche, fue premiado en un certamen de la Agrupación Cultural O Facho, de A Coruña, en los años 70, y editado en el 1982.

Cuando la editorial Casals me pidió un texto para la colección O trolebús, dirigida a un público juvenil, escogí algunas de las narraciones breves que había leído en la radio, y les di unidad para reflejar el mundo de los muchachitos de la posguerra española, que yo viví en mi Ferrol natal. Lo titulé Sorrir en Frades, no sé por qué; quizá por simple eufonía. Hay varios Frades en Galicia, pero el que yo describo sólo existe en mi imaginación. La editorial explicó muy bien la idea del libro en esta breve reseña: “En esta obra, el autor-narrador relata en primera persona recuerdos y anécdotas de su infancia. La acción se sitúa en Frades, un pueblo de la Galicia marinera, y transcurre durante los años inmediatamente anteriores y posteriores a la Guerra Civil. El autor utiliza este lugar imaginario como marco para las imágenes en las que evoca a sus abuelos, padres, vecinos y amigos. De este modo, es capaz de configurar una colección de anécdotas que reflejan de forma sucinta la vida cotidiana de la época”.

Creo que en Sorrir en Frades están algunas de mis mejores narraciones humorísticas.

Teatro

El creador del humor gráfico gallego fue Castelao, pero lo hubiera sido José María Cao Luaces, de no haber emigrado a la Argentina con sólo veinticinco años. Cao admiró al caricaturista anarquista Eduardo Sojo, que dirigía en Buenos Aires el periódico Don Quijote, enfrentándose al gobierno del general Roca y sufriendo el acoso de la censura y la policía. Sojo y sus escasos colaboradores consiguieron lo que parecía imposible: que en el 1890 los trabajadores de Buenos Aires se alzasen en armas contra el gobierno y que el general Roca tuviese que dimitir. Cao entró en Don Quijote y dirigió la publicación cuando Sojo , después del éxito, volvió a España para intentar repetir la experiencia.

Leyendo los editoriales de Don Quijote en los años que Sojo y Cao coincidieron en el semanario, llegué a imaginar la relación de amistad que había surgido entre ellos y el drama que para ambos tuvo que suponer la separación, cuando el gobierno decretó el cierre de Don Quijote después de otra revolución fallida, en 1893, en la que Cao, desde la dirección, había tenido especial protagonismo. Con absoluta fidelidad a la documentación de la época escribí la comedia en cinco actos Hai que confiar na esperanza, con la que obtuve el Premio Álvaro Cunqueiro, en el año 2003.

Hai que confiar na esperanza es la única pieza tetral que he publicado, pero desde el año 1998 vengo escribiendo teatro radiofónico para el programa Corre Carmela que chove, que emite Radio Voz los sábados y domingos para toda Galicia, y que durante el año 2011 emitió también la cadena de televisión VTv de La Voz de Galicia.

Ensayo

Empecé a publicar ensayo en la revista Grial, en los primeros años setenta, estudiando las influencias europeas en la obra gráfica de Castelao, y las claves humorísticas en su producción literaria y de humorista gráfico.  El arte y el humor fueron, desde entonces, las creaciones a las que dediqué mi labor de investigación. Pensaba que, por ser mis dos actividades profesionales, podría ofrecer una visión personal, basada en la experiencia. No es casual que titulase un trabajo sobre el caricaturista José María Cao, destinado a una publicación argentina, José María Cao a la altura del panel, porque desde ahí lo veo yo.

Tampoco lo es que nadie haya reparado en que al mismo tiempo que Cervantes publicaba la primera parte del Quijote – la primera obra verdaderamente humorística de la literatura universal-, Annibale Carracci publicase, en Italia, las primeras caricaturas. Esa inadvertida coincidencia es el punto de partida de mi libro Sobre o humor de Cervantes no Quixote, en el que intento explicar el porqué  del nacimiento del nuevo género literario, que es el humorismo, y la nueva forma de retrato, que es la caricatura.

El ensayo biográfico me inspira auténtico pavor. No es tarea difícil actuar como documentalista y reseñar los datos biográficos y los actos públicos de cualquier persona; pero explicar las causas que la determinaron a tomar esas decisiones y no otras, es tan complicado como arriesgado. Y sin embargo acepté el encargo de escribir una biografía sobre el filósofo lucense Celestino Fernández de la Vega, que resultó un auténtico ensayo, en el que procuré explorar su portentosa y atormentada inteligencia, que lo llevó al suicidio. Lo hice por afecto a su persona, para amortizar algo de lo mucho que me dio con su amistad y su sabiduría.

También por lealtad a la memoria de quien fue mi amigo y maestro, el filósofo y político Ramón Piñeiro, participé en un libro de varios autores con el ensayo breve Humor e límites do humor en Ramón Piñeiro, en el que me analicé un aspecto tan esencial en un intelectual comprometido políticamente, como es el sentido del humor.

1 comentario en “Sobre Siro escritor

  1. Siro es padre del monólogo: Él lo arropa, lo crea, lo mima, lo bebe, y se mete en las retinas de sus escuchantes, dibujando y coloreando hasta dejar en silencio el espacio. La risa es grata, el respirar necesario, pero ambos: risa y oxígeno se regatean para no quitar universo narrativo a Siro.
    Siro es grande, envuelto en la sencillez no al uso de ningún momento y menos en los actuales donde la farsa y la cultura de “tienda de todo a cien”; es lo que vende. Los que son, no necesitan prodigar, tan solo con estar en ese rincón manante de cultura y sencillez, ya es suficiente sin la envoltura ridícula y falsa de los que pretenden ser y no son nada.
    Siro, Siro es muy grande.
    ¡Feliz Navidad 2012!

    Rosa Maria Milleiro

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