Basilio Losada

Basilio Losada
Basilio Losada

Creo que si alguien hiciese una encuesta en el mundo de las letras gallegas para saber quién es el escritor con más encanto personal, Basilio Losada quedaría primero, con muchos puntos por encima de todos los demás. Por eso verlo ingresar el pasado día 3 de octubre en la Real Academia Galega fue una grandísima alegría para mucha gente. El presidente, Xesús Alonso Montero, sorprendió a los asistentes al acto con una extraordinaria habilidad para pronunciar más de mil palabras por minuto en el discurso de respuesta, ritmo imprescindible para enumerar sólo una parte de los méritos del nuevo académico; tantos, que uno se pregunta por qué la Academia demoró tanto la elección.

Pero Basilio Losada es, ya y por fin, académico y los que lo queremos lo celebramos con alegría compartida. El presidente, buen amigo y buen conocedor de Basilio, largó “a todo filispín”, que decimos en Ferrol, el retrato de la personalidad literaria del nuevo académico, y habló del ensayista, del conferenciante, del autor de retratos, del prologuista, del antólogo, del voraz lector de poesía, del activista cultural, del epistológrafo, del crítico y de quien, desde 1960, fue en Barcelona el embajador de las Letras Galegas. Pero, claro, habló también de su lado humano: de la buenísima persona, del amenísimo conversador, del gastrónomo, del ser extraordinariamente cordial y generoso que Basilio es. Y no olvidó la peculiaridad que más singulariza a nuestro amigo: la capacidad de fabulación. Es cierto. Si alguien recogiese sólo una parte de las fabulaciones que Basilio fue haciendo sobre los temas más dispares en tantas sobremesas y tertulias de amigos, tendríamos uno de los libros más hermosos de la literatura gallega.

Mi relación con Basilio Losada está condicionada por la distancia entre A Coruña y Barcelona, pero él fue el presentador de mi exposición “Desde Picasso” en Barcelona y en A Coruña, y el prologuista del catálogo. Con él dialogué en una entrevista de la serie “Riscos”, sin duda uno de mis mejores trabajos periodísticos; y de él hablé en conferencias y en artículos para tratar un matiz importantísimo en la personalidad de Basilio Losada, y que, sin embargo, pasa desapercibido: su timidez. Basilio es un enorme tímido y eso lo condiciona, y lo hace sentirse incómodo; pero también lo hace más entrañable.

Basilio es tan tímido que, de joven, nunca había osado piropear a una mujer, y eso lo sentía como una cobardía a superar. El día que ganó la cátedra de Lengua y Literatura Galego-Portuguesa en la Universidad de Barcelona, se sintió tan contento y eufórico, que pensó: -Hoy, a la primera mujer guapa que encuentre, la piropeo. Y como un gavilán se puso en las puntas de los pies, oteó el horizonte y vio en la parada del bus una mujer hermosísima.

¡A esa! –dijo Basilio, y se lanzó. Tenía que atravesar la calle y empezó a hacerlo con grandes zancadas, pero según se acercaba a la beldad los pasos se le hacían más cortos y cuando llegó ante ella, llevaba andar de perdiz. La hermosa lo miró, pensó quizá que querría preguntarle algo, y le dijo amabilísimamente:

-¿Desea algo?

Basilio, con voz ahogada, le confesó:

-Es que quería decirle a usted un piropo.

La mujer debía de ser tan inteligente y comprensiva como guapa, porque asintió y lo animó:

-Pues dígamelo.

Basilio bajó la cabeza y sólo pudo decir:

-No, así no.

Y se marchó arrastrando los pies, roído el amor propio por una nueva derrota.

Ahora en Láncara, su tierra y la de Ramón Piñeiro, le van a entregar el premio “Ramón Piñeiro. Facer País”. Nadie lo merece más que él, y yo, que hice las caricaturas de los premiados desde la primera edición, nunca sentí alegría mayor que al hacer este diseño.

Enhorabuena doble al admirado profesor y entrañable amigo.

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Basilio Losada y Siro

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