Aurora

aurora_suarezQuiero hablaros de Aurora, mi amiga Aurora. Yo, como todos, tengo amigos del alma y amigos del “recho”. Y como algunos no sabréis qué es el “recho”, explico que es el estómago de los animales e, irónicamente, también el de las personas. Queda clarísima, pues, la diferencia entre unos y otros amigos. Aurora es amiga del alma y lo será toda mi vida, pese a los seiscientos kilómetros que puso entre ella y yo hace muchos años, cuando era una moza de veintipocos.

Aurora tiene muchos encantos. La belleza es el más evidente, claro; pero a poco que la tratéis quedaréis prendados igualmente de su inteligencia poco común y un increíble sentido del humor, que le permite convertir en risible gran parte de lo que conforma el diario vivir, especialmente lo más solemne. Aurora es una humorista extraordinaria, a la manera de Julio Camba y Wenceslao Fernández Flórez. Tiene, como ellos, agudeza visual para ver detrás de las pautas culturales apuntaladas por la tradición; de los prejuicios intocables y de las modernidades convertidas en normas de obligado cumplimiento en el rebaño social. Como ellos tiene también finura intelectual para desbaratar en medio folio los dogmas intocables en la convivencia social, o dejar en pelota picada a cualquier hombre o mujer elevados a la categoría de semidioses –a veces de dioses-, sin que puedan sentirse ofendidos públicamente. Aurora tiene en común con Luis Piedrahita, otro gran humorista de nuestro tiempo, el don de ver lo que ocultan las pequeñas cosas de nuestro vivir cotidiano. Desde que conozco a Piedrahita pienso que es como Aurora, pero en feo.

Conocí a Aurora a mediados de los noventa, cuando ella era una moza preciosa de A Pobra do Caramiñal que hacía radio en la emisora local y yo dirigía en Radio Voz el inolvidable programa Corre Carmela que chove. Entonces supe de su “agudeza y arte de ingenio” y después, al tener la oportunidad de coordinar, entre 2000 e 2002, el Xatentendo.com, suplemento de humor de La Voz de Galicia, la invité a colaborar, y su artículo, celebradísimo como primicia por el equipo de redacción, enriqueció aquella publicación de calidad excepcional, merecedora de un estudio ambicioso, incluso de una tesis doctoral, que confío en que, algún día, alguien hará.

Por motivos personales, Aurora pasó una década larga sin escribir, pero volvió hace un año y podéis leerla en Mundiario.com Os invito a hacerlo, en la seguridad de que me lo agradeceréis. Ya no hace, como antes, artículos para divertir; ahora le interesa también hacernos pensar. Y siempre lo consigue. Sócrates decía que era hijo de partera, de ahí que le gustase ayudar a parir ideas. Aurora no es hija de partera, pero algo de Sócrates hay en ella, porque sonreír y pensar, pensar y sonreír, hacemos todos al meternos en la lectura de estas breves y deliciosas piezas literarias.

Os dejo como muestra de su talento uno de los últimos artículos publicados. Se titula “Ponerse hasta las cejas de Lexatín es profundamente antirrevolucionario”. También os dejo la portada del libro Pluma al viento, que le ilustré en el 2001.Confío en ilustrar muy pronto el próximo.

Disfrutadlo.
http://www.mundiario.com/articulo/sociedad/ponerse-cejas-lexatin-profundamente-antirrevolucionario/20151005115817047323.html

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