Imágenes de la Transición: Suárez y Miláns del Bosch

Suárez, Miláns del Bosch
Miláns del Bosch y Adolfo Suárez
Miláns del Bosch y Adolfo Suárez

Cuando Adolfo Suárez dijo en el discurso de despedida: “No quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la Historia de España”, muchos entendimos que dimitía para evitar un golpe de Estado, que impondría otra dictadura militar. No parece que fue así. Suárez creía que las conspiraciones en los cuarteles iban contra él, no contra la Constitución, y la frase pudo aludir a la Operación Armada, “un proyecto descabellado” –había dicho-, consecuencia del miedo y que traería una democracia vigilada.

Alguien dijo que Suárez no era de los que “ponían la silla a los generales”. Es cierto; no los temía. Ni siquiera a Miláns del Bosch, a quien obligó a respetar su autoridad dos veces en pocos minutos. E un viaje a Valencia supo que Miláns se negaba a estar con las autoridades que lo recibirían en el aeropuerto, y le hizo saber que el avión no aterrizaría hasta que estuviese con los demás. Después Miláns se negó a estrecharle la mano, pero el presidente le sostuvo la mirada y siguió con la mano tendida hasta que el general le dio la suya.

El periodista Luis Herrero, que lo trató íntimamente, dijo que Suárez era “más chulo que un ocho”. En la presidencia del Gobierno, más que chulería, mostró orgullo y dignidad.

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