ria del burgo pintura paisaje siro

Dibujante y pintor

A los tres años, al irme a la cama, sabía que, en cuanto me despertara, mi madre me llevaría el desayuno y después lápices de colores y papeles para que los llenase de borrones y garabatos, mientras ella hacía las labores domésticas. Desde entonces no he dejado de dibujar.

A los diez, once, doce años, dibujaba mujeres bellísimas en cueros y se las regalaba a mis amigos; a los catorce hacía retratos de mis amigas; a los dieciocho descubrí que podía hacer caricatura; a los veinte conocí las “Cousas da vida”, de Castelao, y empecé a hacer dibujo de humor; a los veinticinco descubrí a Pascin, que me mostró un camino nuevo, de lo más sugerente. Hasta entonces me había sentido atraído por la línea pura, pero, con Pascin como maestro, empecé a romper y duplicar o triplicar los trazos, a descubrir la belleza de lo imperfecto, a dibujar con pincel, a experimentar con papeles y catones de distinta textura, a combinar líneas y manchas…

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